¿Que yo cómo lo conozco? ¿Que cómo dí con él? ¿Que si es tan misterioso cómo se permite que un simple mequetrefe como yo haya entrado en un sitio tan reservado? Amigo mío, tú acabas de llegar, ¿a que si?
Aquí las reglas las pone cada uno; esto es solamente un templo, a quien rece cada cual no es asunto de nadie. Cada persona que ahora mismo nos rodea ve lo que tú ves; desde un lugar diferente. Tú no sabes que esos mal rimados versos que has invitado a la camarera a escuchar no la han deleitado como tú piensas, ni mucho menos. Se ha cabreado y en ese vino que ahora apuras entre guiño y guiño creyendo que yo soy incapaz de observar la mitad derecha de tu cara, hay escondido un señor gargajo, diría incluso que sanguinolento, proveniente cuanto menos de lo más profundo de la faringe de aquel señor barbudo cuya mirada insistente te pone nervioso al no saber el porqué de sus observaciones.
Se nota que eres nuevo, necesitas tiempo. Es difícil acostumbrarse a este lugar, pero si de verdad eres quien pienso que eres, no te rescaté del callejón para nada y te acostumbrarás pronto y encontrarás aquí la historia perfecta que podrás publicar, y a la gente aquí le agradará tu conversación porque serás quien inmortalice su memoria, y los que no quieran contarte la suya le encargarán a alguien que lo haga por ellos, y quien cuente la historia de otra persona se las apañará para meter la suya por el medio y tú serás muy sabio, sabrás más incluso que yo y más que cualquiera de esos que ahora mismo nos rodean y si lo haces bien, algún día ella te dirigirá la palabra, y si sigues haciéndolo bien, un día irás a un sitio que nunca nadie ha ido, con otra ella; la otra Ella. Aún no la conoces y nadie te dirá quien es, porque poca gente lo sabe, y quien lo sabe no lo comparte, y quien lo comparte lo desconoce. Aquí no se imparte más doctrina que la de disculparte o exculparte. Tú, parte tu propio bacalao y reparte estopa a quien quiera inculparte, pues necios los hay en todas partes, aunque aquí les da tiempo de contar bien pocas mentiras. Aparte de eso, no es un sitio para ignorantes.
Cada uno marca las reglas para con cada uno. Procura que las tuyas sean honradas, y la línea infinita, infinitamente recta y ascendente, que aunque se haga cuesta arriba, en la cima verás toda la llanura, o el valle, o incluso si eres afortunado, podrás ver el mar. ¡Quién viera el mar…!
Sí, el mar. No esa mancha de grasa de ballena y carbonilla donde el canibalismo se apodera de las gaviotas y ellas inocentes se vuelven tan peligrosas como el más fiero depredador de todas las edades y eones que se puedan imaginar. El mar es algo que atrae a la gente, una atracción especialmente expandida entre quienes paran por aquí. Gente variopinta e irrepetible. Es muy agradable cuando te acostumbras.
Por cierto, yo me tengo que ir, va a empezar el espectáculo. Deja, que ese vaso lo pago yo; a ver si se te borra pronto esa mueca de asco que parece que bebieras vinagre. Pide otro, pero esta vez inténtalo con un soneto, que si lo haces bien el esgarro será suyo y tú más afortunado aún. Ya me contarás cómo te va y nada de desmoralizarse. Nos vemos.
Sí, sí, y no te metas en líos que ya suficiente suerte tienes que te han abierto la puerta. No, no me interesa aún. Observa a tu alrededor. Cautela.
Y sí, no te tortures más, le has gustado. Pero ella no es lo principal. Prioridades amigo, prioridades.
Aquí las reglas las pone cada uno; esto es solamente un templo, a quien rece cada cual no es asunto de nadie. Cada persona que ahora mismo nos rodea ve lo que tú ves; desde un lugar diferente. Tú no sabes que esos mal rimados versos que has invitado a la camarera a escuchar no la han deleitado como tú piensas, ni mucho menos. Se ha cabreado y en ese vino que ahora apuras entre guiño y guiño creyendo que yo soy incapaz de observar la mitad derecha de tu cara, hay escondido un señor gargajo, diría incluso que sanguinolento, proveniente cuanto menos de lo más profundo de la faringe de aquel señor barbudo cuya mirada insistente te pone nervioso al no saber el porqué de sus observaciones.
Se nota que eres nuevo, necesitas tiempo. Es difícil acostumbrarse a este lugar, pero si de verdad eres quien pienso que eres, no te rescaté del callejón para nada y te acostumbrarás pronto y encontrarás aquí la historia perfecta que podrás publicar, y a la gente aquí le agradará tu conversación porque serás quien inmortalice su memoria, y los que no quieran contarte la suya le encargarán a alguien que lo haga por ellos, y quien cuente la historia de otra persona se las apañará para meter la suya por el medio y tú serás muy sabio, sabrás más incluso que yo y más que cualquiera de esos que ahora mismo nos rodean y si lo haces bien, algún día ella te dirigirá la palabra, y si sigues haciéndolo bien, un día irás a un sitio que nunca nadie ha ido, con otra ella; la otra Ella. Aún no la conoces y nadie te dirá quien es, porque poca gente lo sabe, y quien lo sabe no lo comparte, y quien lo comparte lo desconoce. Aquí no se imparte más doctrina que la de disculparte o exculparte. Tú, parte tu propio bacalao y reparte estopa a quien quiera inculparte, pues necios los hay en todas partes, aunque aquí les da tiempo de contar bien pocas mentiras. Aparte de eso, no es un sitio para ignorantes.
Cada uno marca las reglas para con cada uno. Procura que las tuyas sean honradas, y la línea infinita, infinitamente recta y ascendente, que aunque se haga cuesta arriba, en la cima verás toda la llanura, o el valle, o incluso si eres afortunado, podrás ver el mar. ¡Quién viera el mar…!
Sí, el mar. No esa mancha de grasa de ballena y carbonilla donde el canibalismo se apodera de las gaviotas y ellas inocentes se vuelven tan peligrosas como el más fiero depredador de todas las edades y eones que se puedan imaginar. El mar es algo que atrae a la gente, una atracción especialmente expandida entre quienes paran por aquí. Gente variopinta e irrepetible. Es muy agradable cuando te acostumbras.
Por cierto, yo me tengo que ir, va a empezar el espectáculo. Deja, que ese vaso lo pago yo; a ver si se te borra pronto esa mueca de asco que parece que bebieras vinagre. Pide otro, pero esta vez inténtalo con un soneto, que si lo haces bien el esgarro será suyo y tú más afortunado aún. Ya me contarás cómo te va y nada de desmoralizarse. Nos vemos.
Sí, sí, y no te metas en líos que ya suficiente suerte tienes que te han abierto la puerta. No, no me interesa aún. Observa a tu alrededor. Cautela.
Y sí, no te tortures más, le has gustado. Pero ella no es lo principal. Prioridades amigo, prioridades.
1 comentario:
La mar es una gran furcia; en la que te sumerges cada vez que evades tu mente a parajes azules(que, porcierto, en inglés, significa melancolico, de ahi ese ritmo que nos vuelve a todos locos)
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